La depresión después de la Copa

Podría decir que hace tiempo que no escribo, pero sería mentir. La verdad es que por alguna extraña razón que no acierto a encontrar, no suelo escribir. No porque no me guste. Me encanta de hecho.

Quería hablaros de esa sensación de desazón que se te queda cuando acaba este evento, el mejor del mundo en su género para mí (y también para el comisionado de la NBA, que más de una vez no ha dudado en declarar que le encantaría poder incluirlo en el calendario de la competición más importante del mundo del basket, que no la más emocionante, que es la Copa, y ya lo pensaba antes de formar parte de ella).

Es como cuando alcanzas una meta que para ti era muy importante y llevabas tiempo buscando, que al quedar sin objetivos a corto plazo te invade la incertidumbre y el pesar.

Por suerte, esta es ya mi segunda edición de la Copa vivida desde dentro. Solía decir que la experiencia del año pasado era inmejorable. Es obvio que me equivocaba sobremanera. Traté de no ponerme expectativas el año pasado, porque no sabía qué me iba a encontrar. De igual forma, este año, por distintas razones, principalmente porque no quería que, si la experiencia era menos satisfactoria que la de Gran Canaria ’15, esto me hiciera no disfrutarla con toda la intensidad que un voluntariado en la Copa se merece.

En ambos casos la intención era magnífica, aunque, es cierto que en ninguno lo conseguí. Pero lo mejor de todo es que dio igual, porque aún con unas expectativas altísimas, la realidad superó a mi imaginación y las expectativas quedaron muy cortas.

Mi intención escribiendo esto, superando a la posible vergüenza de publicarlo y a la desidia que siempre he tenido para con la redacción, es haceros llegar un mensaje de ánimo, de esperanza. Es verdad que la Copa se fue. Una de las mejores que nunca hubo. Tanto en emoción baloncestística como en ambiente alrededor de la misma, en una ciudad que me ha enamorado sobremanera, volcada con una competición que está impregnada de una idiosincrasia muy coruñesa.

Primero no os olvidéis que ya queda un día menos para la próxima Copa. El año que viene más y mejor. Y segundo, ¡que nos quiten lo vivido! Las experiencias y los amigos quedan ahí. Estoy completamente seguro de que a vosotros, al igual que a mí, estos días os han cambiado. No dejéis que ahora os invada la tristeza. Más bien todo lo contrario. Disfrutad de los recuerdos como del tesoro más preciado que se pueda tener. Somos muy afortunados. Hemos formado parte de algo magnífico. De un monstruo. De una bestia como la bautizó José Ignacio Huguet en su artículo del Mundo Deportivo hace 3 días (que parecen 3 siglos).

A todo: GRACIAS, MILLONES DE GRACIAS. Por la sonrisa amable que siempre tuvisteis cuando pasaba a vuestro lado. Por la botella de agua o el bocadillo que nunca me faltó o esa voz de ánimo cuando apareció el cansancio, que alguna vez apareció a pesar de la ilusión, merced probablemente de la falta de sueño. Por las lecciones recibidas en cuestión de altruismo y desinterés. Por ser tan increíbles.

Dice Sabina en Peces de Ciudad: “en Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.” Es una frase que siempre me ronda la cabeza en periodos anímicamente malos. En este caso creo que de ella se pueden sacar dos lecturas positivas: por un lado no os quedéis anclados en la Copa porque eso puede hacer mucho daño y por el otro volved a donde habéis sido felices el año que viene en la Copa del ’17.

Estad seguros que la vida os depara una lista enorme de proyectos emocionantes. Afrontadlos con la misma ilusión que habéis hecho con este porque, y en esto estaréis de acuerdo con Andrés Montes y ahora más que nunca, la vida puede ser maravillosa.

Sólo puedo añadir una última cosa: todos habéis sido testigos, SI SE PUEDE. Esta frase resonará en mi cabeza como un eco de ultratumba por los siglos de los siglos…

(No es un final cerrado chicos, nos veremos seguro).

 

PD: Elegí esta foto para ilustrar el texto porque consideré que era la más adecuada siendo la más multitudinaria. Supongo que no estamos todos en ella, porque, por desgracia, como bien sabéis, siempre alguien está todavía ejerciendo alguna labor de extrema importancia. Pero para mí será siempre una foto muy especial.

Carlos J. Sánchez López – Las Palmas de Gran Canaria. Loco del basket. Enamorado de la Copa.

2016-11-10T22:38:08+00:00 18-03-2016|
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